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Columna: "Crianza, límites y pandemia" - Telsalud


Columna semanal

Columna: “Crianza, límites y pandemia”

por Equipo Telsalud / 21 de septiembre 2020

Esta semana, invitamos a la psicóloga infanto-juvenil Gabriela Vásquez a reflexionar sobre su área de trabajo, y nos comparte esta columna donde aborda algo que quizás, estamos olvidando: la crianza en pandemia, la flexibilización de los límites y los desafíos de educar.

 

Cuando hablamos de niñez, lo primero que pensamos es en risas, juegos, travesuras, alegría, sueños y fantasías. Es una etapa en el desarrollo bastante sana, donde los niños van experimentando y conociendo la realidad, desarrollando su pensamiento en todo su esplendor y también van adquiriendo habilidades de todo tipo. Por otra parte, los niños van expresando sus deseos y también sus frustraciones, experimentando emociones que muchas veces son difíciles de manejar y contener. Es aquí donde quiero hablar de lo que me ha tocado en mi experiencia clínica con niños, adolescentes y sus familias, el cómo los padres contienen las emociones negativas de sus hijos y cómo establecen límites, tema de gran importancia, debido a que si somos coherentes con nuestro sistema de disciplina en la niñez, nuestros niños tendrán un desarrollo emocional más estable.

Como seres humanos y como sociedad necesitamos normas, un niño pequeño o un adolescente con mayor razón, porque necesita estabilidad y referentes que le enseñen lo que es bueno y malo. La familia constituye el primer grupo social donde los niños aprenden a convivir, a comportarse e identificarse. El que los padres establezcan límites y normas, constituye un  factor protector del desarrollo para reducir conductas de riesgo tanto en la infancia como en la adolescencia.

Psicogenéticamente hablando, con los límites se descubre la existencia del otro y la propia existencia (diferenciación yo, no-yo), lo cual es importantísimo en términos del desarrollo sano de nuestra personalidad, como también en el cómo yo me comporto y relaciono con el otro. Los límites nos dan estabilidad emocional, se presentan como una arista muy importante desde etapas tempranas del desarrollo ya que en la medida que uno va estableciendo rutinas desde pequeños, se nos hacen más fáciles ciertos hábitos, como por ejemplo la regulación de ritmos de sueño y alimentación, hábitos de aseo, lo cual es de gran ayuda, pues permite que los niños  se sientan tranquilos y seguros, pudiendo predecir las conductas y las consecuencias de éstas. Los hábitos tempranos que se relacionan con la satisfacción de necesidades biológicas, se reflejan a  futuro a nivel de estabilidad afectiva, facilitando el autocontrol emocional, es decir, nos ayuda a regular nuestra conducta en un contexto individual y social.

Antiguamente, el sistema de crianza era más bien de tipo autoritario, los padres eran más estrictos y exigentes con el cumplimiento de las normas en casa, los niños en general le temían a sus figuras de autoridad, existía más el castigo, la rigidez y poco diálogo emocional. Hoy en día nos enfrentamos a un cambio de paradigma en términos de crianza. Los padres establecen relaciones más horizontales con sus hijos, son más permisivos, muchas veces por el trabajo, van delegando en otras personas la educación de ellos, lo que se traduce, en algunos casos, en una poca consistencia a la hora de establecer normas y límites en casa, como en una falta de concordancia entre lo que dicen y hacen (padres que no están de acuerdo entre sí, o niños expuestos a cierta disciplina, según el criterio de los cuidadores más cotidianos, por ejemplo con los abuelos, abuelas, o con las asesoras de hogar en el caso de quienes tengan esa opción.

Claramente ninguno de estos extremos son buenos y obviamente hay excepciones. Lo que quiero recalcar es que este cambio de paradigma trae cosas positivas y negativas, hay que buscar un equilibrio, seguir con la idea de ser padres ¨amorosos y respetuosos¨ con nuestros niños, criar sin gritos, reforzarlos positivamente, pero nunca debemos dejar de poner límites. Es una tarea importantísima como padres, acompañar a nuestros hijos en la regulación de sus emociones y por ende enseñarles acerca de las consecuencias de sus conductas y el cómo afectan en el ambiente en que nos desenvolvemos.

Hoy en día, en tiempos pandémicos, esta tarea parece ser más tediosa, los niños pasan todo el día en casa, están más aburridos, padres realmente sobrepasados entre el teletrabajo, tareas domésticas, crianza, home schooling y otras situaciones particulares de cada familia. Claramente la temida tecnología  hoy en día es un aliado, sobre todo para que los niños se puedan divertir en casa. Es aquí donde hoy en día el poner límites es de gran relevancia: No puedo permitir que mi hijo juegue play station todo el día para que haya un poco de paz en casa, o no puedo permitir que ante un mínimo llanto, uno le tenga que dar inmediatamente en el gusto, o no puedo permitir que coma a cada rato porque ¨tiene hambre¨, o no puedo permitir que mi hijo adolescente esté todo el día encerrado con el celular en su habitación. Puede sonar un poco burdo, pero son temas que muchos padres enfrentan día a día con sus hijos, a muchos se les hace muy difícil corregir la conducta de sus niños, se observa un cierto temor, de cómo puedan reaccionar, y sienten que si les dicen que NO, serán los malos de la película y que es más fácil el camino de gratificarlos inmediatamente para que no existan problemas y mayor estrés en la casa.

Para todos aquellos padres que se sientan identificados en esta situación, les puedo decir que la forma en que ellos se relacionan con sus hijos, será la base de cómo se construye su futura personalidad. Si vamos construyendo los cimientos de la personalidad  de nuestros hijos en la infancia, vamos guiándolos, poniendo límites y dando amor, tendremos una adolescencia concordante y coherente a todo el trabajo que hemos hecho desde pequeños. En la medida que vamos poniendo límites claros, realistas y consistentes (todo en función de la edad de cada niño), se desarrollará una estructura de personalidad firme, estable y confiable, tendremos a futuros adultos responsables, seguros y autónomos, capaces de organizar sus vidas. Aquí no hay un manual ni una receta para todos, simplemente tenemos que observar a nuestros hijos, comprender sus emociones, sus distintas formas de ver la vida, sus gustos, escucharlos siempre, darle importancia a todo lo que nos dicen, como también enseñarles a que respeten y que los padres también merecen sus tiempos y descansos. Cuando haya un conflicto dar opciones y alternativas, validar sus emociones y frustraciones, mostrando el lado positivo de las cosas. Hoy en tiempos difíciles, más que esperar desesperadamente a que vuelvan al colegio, y pasen menos tiempo en casa, hay que aprovechar de sumergirse en cada mundo interior y educar con respeto y amor.

Gabriela Vásquez

Psicóloga infanto-juvenil