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La emergencia del COVID19 se debe enfrentar en familia

por Equipo Telsalud / 15 de junio 2020

La pandemia del COVID19 se ha convertido para muchas familias en una tragedia, por la distancia de los más cercanos, pérdida de trabajo, enfermedad de seres queridos, y la ansiedad que conlleva vivir en el encierro desde hace ya  12 semanas.

Los niños y adolescentes han perdido en contacto cotidiano con sus pares en el colegio o en sus lugares de reunión, por lo que también pueden estar enfrentando un problema sin tener con quién hablarlo.

El CDC de Estados Unidos ha creado una guía con orientaciones que acá te compartimos.

 

Lo que puede hacer para ayudar a los niños a sobrellevar una experiencia compleja

Los siguientes consejos pueden ayudar a reducir el estrés antes, durante y después de un desastre o un acontecimiento traumático.

Antes
  • Hable con sus hijos para que ellos sepan que usted está preparado para mantenerlos a salvo.
  • Repasen los planes de seguridad antes de que suceda una emergencia. Tener un plan aumentará la confianza de los niños y los ayudará a tener la sensación de estar en control.
Durante
  • Manténgase calmado y tranquilice a los niños.
  • Hábleles a los niños sobre lo que está pasando de una manera que puedan entender. Hágalo de una forma simple y adecuada para la edad de cada niño.
Después
  • Ofrézcales a los niños la oportunidad de hablar sobre lo que les pasó o qué piensan de eso. Anímelos a que digan lo que les preocupa y hagan preguntas.
  • Es difícil predecir cómo algunos niños responderán a los acontecimientos traumáticos. Debido a que los padres, maestros y otros adultos ven a los niños en diferentes situaciones, es importante que colaboren y compartan información sobre cómo el niño está sobrellevando la situación después de un acontecimiento traumático.

Reacciones comunes

Las reacciones comunes ante la aflicción desaparecerán con el tiempo en la mayoría de los niños. Los niños que hayan estado directamente expuestos a una situación traumática pueden volver a sentirse angustiados y volver a mostrar comportamientos relacionados con el acontecimiento si ven o escuchan algo que les haga recordar lo que pasó. Si los niños siguen muy afectados, o si sus reacciones interfieren con sus deberes escolares o sus relaciones con otras personas, los padres podrían hablar con un profesional o hacer que sus hijos conversen con alguien que se especialice en las necesidades emocionales de los niños.

En bebés y niños hasta los 2 años

Es posible que los bebés se vuelvan más irritables. También es posible que lloren más de lo habitual o que quieran estar más tiempo cargados y abrazados.

En niños de 3 a 6 años de edad

Puede que los niños en edad preescolar y de kínder vuelvan a tener comportamientos que ya habían superado. Por ejemplo, puede que tengan “accidentes” (mojar o ensuciar la ropa interior), mojar la cama, o sentirse asustados por la posibilidad de ser separados de sus padres o cuidadores. Quizás también les den rabietas o tengan dificultad para dormir.

En niños de 7 a 10 años de edad

Puede que los niños más grandes se sientan tristes, enojados o asustados ante la posible repetición del acontecimiento. Puede que sus compañeros les den información falsa; sin embargo, los padres o cuidadores pueden corregir la información errónea. Es posible que los niños más grandes se concentren en algunos detalles del acontecimiento y quieran hablar sobre ello todo el tiempo, o no quieran hablar de eso para nada. Puede que tengan dificultades para concentrarse.

En preadolescentes y adolescentes

Algunos preadolescentes y adolescentes reaccionan al trauma comportándose mal. Esto podría incluir conducir en forma imprudente, o consumir alcohol o drogas. Otros preadolescentes y adolescentes podrían tener miedo a salir de su casa. También es posible que pasen menos tiempo con sus amigos. Podrían sentirse abrumados por sus intensas emociones y no poder hablar sobre ellas. Sus emociones pueden llevarlos a tener más discusiones e incluso peleas con sus hermanos, padres o cuidadores, o con otros adultos.

En niños con necesidades especiales

Los niños que necesitan usar de manera continua un respirador o aquellos que usan una silla de ruedas o están en cama podrían tener reacciones más fuertes a una amenaza o a un desastre real. Ellos podrían sentir una angustia más intensa, o mayor preocupación o enfado que los niños sin necesidades especiales, porque tienen menos control sobre su bienestar diario que las demás personas. Lo mismo se aplica a los niños con otras limitaciones físicas, emocionales o intelectuales. Puede que los niños con necesidades especiales necesiten más palabras tranquilizadoras, más explicaciones acerca del acontecimiento y más consuelo, y otro tipo de contacto físico positivo, como abrazos de sus seres queridos.